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Si hoy en día el turismo es el lema número uno de la economía de la zona, en el pasado, por el contrario, lo constituían la pesca y la agricultura, desde siempre la principal vocación de los habitantes de la Ribera. De hecho, todavía hoy los pocos agricultores que quedan prefieren cultivar la vid, de la cual se obtienen vinos de gran calidad; el olivo, de donde nace un óptimo aceite; y los limones, cultivados dentro de los huertos y de los jardines. Si en el S. XVI en Monterosso se practicaba incluso la almadraba, actualmente son muy pocos los barcos que se pueden ver en el horizonte y las mujeres que en las callejuelas (“carugi”) llevan sobre la cabeza pesadas cajas de pescado. Sólo resiste la pesca de las anchoas de Monterosso, de un inconfundible color gris brillante y con una carne de óptima calidad.

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